¿Sirven de algo las entrevistas de trabajo?

Hace un par de semanas tuve el placer de entrevistar para ABC a Alfonso Alcántara, también conocido como @Yoriento. Alfonso, cuyo libro os recomiendo a todos, lleva años estudiando el mercado laboral y asesorando a profesionales para que encuentren la mejor salida a sus carreras.

Los tiempos, me contaba Alfonso en la entrevista, han cambiado. Ese CV en una hoja de papel que muchos guardaban en carpetas de plástico para ir entregando de oficina en oficina pasaron hace mucho a la historia. LinkedIn es ahora el ecosistema perfecto para reclutar profesionales además de otras redes sociales como Facebook y, en mayor medida, Twitter, donde nuestros comentarios y opiniones tienen más trascendencia de lo que pensamos. Si no te lo crees, te dejo aquí este artículo que narra cómo más de un@ ha sido despedido de su empresa por sus desafortunados comentarios en la red de microblogging.

A lo que iba. ¿Para qué sirve una entrevista de trabajo? Yo, que soy periodista, ¿realmente podré convencer al director de un diario de que soy buena en lo mío? Y qué me decís de esas entrevistas en las que hacen preguntas absurdas, como «¿Qué haces en tu tiempo libre?». ¿Qué debo responder a eso? ¿Es una pregunta trampa o realmente puedo decir que me tiraría doce horas seguidas viendo capítulos de ‘Breaking Bad’? No lo entiendo.

Como dice @yoriento, «una entrevista de trabajo es una conversación entre dos mentirosos» en la que, imagino, habrá que luchar continuamente por impresionar a nuestro interlocutor. Que nos contrate o no ya está por ver. Os dejo aquí la entrevista con Alfonso, de la que seguro sacaréis grandes lecciones, sobre todo si buscáis trabajo.

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El día en que a Pablo se le ocurrió ayudar a la gente

Publicado en Abc.es el 22 de febrero de 2012

Igual que el título que evoca el famoso filme en el que el pequeño Trevor McKinney intentaba cambiar el mundo mediante acciones desinteresadas, la «Cadena de Favores» que Pablo de la Nuez puso en marcha hace ya cuatro años ha conseguido también cambiarle la vida a más de uno, sobre todo desde que el látigo de la crisis comenzara a azotar con fuerza.

ImagenLas analogías con el blockbuster de Hollywood no son pocas y, aunque con sus peculiaridades, este empresario con ganas de hacer un favor al mundo ha conseguido convertir la utopía en realidad y hacer efectiva una cadena de ayuda que, estima, llega ya a unas 10.000 personas y en poco tiempo podría extenderse a otros países. Igual que en el filme el joven alumno de Kevin Spacey ideaba un sencillo sistema para devolver a otros los favores prestados, en 2008 este emprendedor probó a reenviar a todos sus contactos una petición de ayuda que había llegado a su correo electrónico. Así empezaba la cadena.

Y como ocurre con muchas cosas, al final las ideas más simples acaban por ser las que alcanzan el éxito. La cadena de favores de Pablo ha tenido tal repercusión que lo que en su día fue una espontánea petición de ayuda ha tardado muy poco en convertirse en una inmensa red desinteresada y que ha ayudado a algunos de sus miembros a encontrar trabajo, dinero e incluso vivienda.

Pablo no está en paro. Tampoco lo estaba cuando comenzó la cadena de ayuda, sino que de manera altruista decidió invertir parte de su tiempo en alimentar un boca-boca (o «mail-mail») que repentinamente creció como la espuma. Cuatro años después, la tarea le supone un total de 10 horas a la semana para ayudar -estima- a más de 8.000 personas. «El efecto multiplicador me llevó a seguir con la cadena. Saber que poniendo un poco de mi parte la acción se dispara hasta alcanzar una dimensión relevante que consigue resultados. A cambio, cada pequeño éxito obtenido me regala un trozo inmenso de felicidad»

Cualquier petición

Fue el estallido de la crisis lo que multiplicó las peticiones de ayuda económica que Pablo de la Nuez comenzó a transmitir a través de su cadena, aunque el creador asegura que «tiene cabida cualquier petición, si bien es cierto que lo que más se precisa ahora mismo es conseguir trabajo, alquilar o vender cosas para obtener ingresos extra».

El «modus operandi» de la cadena es sencillo. Pablo recoge todas las iniciativas que llegan a su correo electrónico, las selecciona y se toma su tiempo para redactar un mail semanal que envía a todos sus contactos y que estos a su vez reenviarán a los suyos, propagando la cadena hasta límites que su creador desconoce. «Yo prendo la mecha, pero después pierdo la pista, así que sólo conozco el resultado en aquellos casos en que se ponen en contacto conmigo para contarme cómo les ha ido». En este sentido, Pablo reconoce que la cadena, como todo, tiene también sus picos de éxito: «Hay casos que no han generado ni una sola llamada».

Casa gratis tras un desalojo

No solo de peticiones económicas vive la cadena de favores. «Tiene un componente solidario muy importante, de hecho, siempre doy prioridad a los casos de personas en situaciones desfavorecidas. Hay, inlcuso, quien se ofrece desinteresadamente para ayudar unas horas a quien más lo necesite». Pablo define su cadena como una «extensión del boca a boca tradicional que aprovecha las ventajas que ofrece la tecnología para ampliar su difusión» pero que, para muchos, se ha convertido en una alternativa más a la hora de solucionar algunos de sus problemas.

Aunque no dispone de datos sobre los resultados de la cadena, en más de una ocasión Pablo ha recibido noticias de aquellos a quienes ha ayudado. Y nos cuenta una de las historias que hacen valer la pena esas diez horas semanales que invierte en recopilar y enviar correos. «Hay una anécdota preciosa y que ocurrió en el mayor de los anonimatos. Una persona me hizo llegar el anuncio de una familia con tres hijos, la mayor ciega y con síndrome de Down, y los dos pequeños con distrofia muscular, que iban a ser deahuciados y pedían… ¡una silla de ruedas! Enseguida me contaron que les habían conseguido varias y que les habían ofrecido ayuda adicional. A los pocos días recibí un correo contándome que una familia les había cedido una casa a estrenar, ¡sin cobrarles nada por el alquiler!»

Publicado en ABC.es, el 22 de febrero de 2012