¿Por qué lo llaman ‘datos abiertos’ cuando ni te cogen el teléfono?

Llevo un par de meses iniciándome en el maravilloso mundo del periodismo de datos y debo confesar que, aunque me encanta, me pone de los nervios. Pero no son las cifras las que me sacan de mis casillas. En realidad, las cifras me encantan. Me encanta convertir números en historias e imaginar personas tras cada decimal. Me apasiona descubrir los problemas tras los números negativos, las desgracias que se esconden tras cada bajón en los presupuestos de cualquier Ayuntamiento y, en consecuencia, dar voz a algunos de esos rostros que nos empeñamos en llamar ‘de la crisis’.

Y es que, a decir verdad, tanto trabajar con números en los últimos meses ha hecho que hasta les tenga cariño. Más que a algunos funcionarios. Odio, esas instituciones que presumen de tener un elevado nivel de transparencia por tan solo colgar unos cuantos datos en tablas de Excel. A veces ni eso. Son muchos, debido a esta falsa creencia, quienes suben sus datos a la Red pero no encuentran un minuto al día para proporcionarte esas cifras que faltan, o para explicarte el por qué de ciertos desajustes.

Señores, apechuguen con las consecuencias y ofrezcan sus datos, no solo sus tablas online. Y si no saben en qué consiste, como he comprobado ya en varias ocasiones, pidan a sus superiores que les informen, les formen, o lo que necesiten. Pero no digan que son transparentes cuando, a una servidora, le han llegado hasta a colgar el teléfono.

Tenía que decirlo.