¿Por qué lo llaman ‘datos abiertos’ cuando ni te cogen el teléfono?

Llevo un par de meses iniciándome en el maravilloso mundo del periodismo de datos y debo confesar que, aunque me encanta, me pone de los nervios. Pero no son las cifras las que me sacan de mis casillas. En realidad, las cifras me encantan. Me encanta convertir números en historias e imaginar personas tras cada decimal. Me apasiona descubrir los problemas tras los números negativos, las desgracias que se esconden tras cada bajón en los presupuestos de cualquier Ayuntamiento y, en consecuencia, dar voz a algunos de esos rostros que nos empeñamos en llamar ‘de la crisis’.

Y es que, a decir verdad, tanto trabajar con números en los últimos meses ha hecho que hasta les tenga cariño. Más que a algunos funcionarios. Odio, esas instituciones que presumen de tener un elevado nivel de transparencia por tan solo colgar unos cuantos datos en tablas de Excel. A veces ni eso. Son muchos, debido a esta falsa creencia, quienes suben sus datos a la Red pero no encuentran un minuto al día para proporcionarte esas cifras que faltan, o para explicarte el por qué de ciertos desajustes.

Señores, apechuguen con las consecuencias y ofrezcan sus datos, no solo sus tablas online. Y si no saben en qué consiste, como he comprobado ya en varias ocasiones, pidan a sus superiores que les informen, les formen, o lo que necesiten. Pero no digan que son transparentes cuando, a una servidora, le han llegado hasta a colgar el teléfono.

Tenía que decirlo.

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¿Sirven de algo las entrevistas de trabajo?

Hace un par de semanas tuve el placer de entrevistar para ABC a Alfonso Alcántara, también conocido como @Yoriento. Alfonso, cuyo libro os recomiendo a todos, lleva años estudiando el mercado laboral y asesorando a profesionales para que encuentren la mejor salida a sus carreras.

Los tiempos, me contaba Alfonso en la entrevista, han cambiado. Ese CV en una hoja de papel que muchos guardaban en carpetas de plástico para ir entregando de oficina en oficina pasaron hace mucho a la historia. LinkedIn es ahora el ecosistema perfecto para reclutar profesionales además de otras redes sociales como Facebook y, en mayor medida, Twitter, donde nuestros comentarios y opiniones tienen más trascendencia de lo que pensamos. Si no te lo crees, te dejo aquí este artículo que narra cómo más de un@ ha sido despedido de su empresa por sus desafortunados comentarios en la red de microblogging.

A lo que iba. ¿Para qué sirve una entrevista de trabajo? Yo, que soy periodista, ¿realmente podré convencer al director de un diario de que soy buena en lo mío? Y qué me decís de esas entrevistas en las que hacen preguntas absurdas, como «¿Qué haces en tu tiempo libre?». ¿Qué debo responder a eso? ¿Es una pregunta trampa o realmente puedo decir que me tiraría doce horas seguidas viendo capítulos de ‘Breaking Bad’? No lo entiendo.

Como dice @yoriento, «una entrevista de trabajo es una conversación entre dos mentirosos» en la que, imagino, habrá que luchar continuamente por impresionar a nuestro interlocutor. Que nos contrate o no ya está por ver. Os dejo aquí la entrevista con Alfonso, de la que seguro sacaréis grandes lecciones, sobre todo si buscáis trabajo.

Esta es la buena

He vuelto. Reconozco que inicié este blog con ilusión y ganas, con la esperanza de crear un espacio en el que debatir y hablar sobre algo que amo: el periodismo. Y sí, la pereza y el estrés del día a día pudieron conmigo. Soy, lo reconozco, una «sintecho digital». La expresión no es mía, es del gran @yoriento, que la semana pasada me habló durante una entrevista de la necesidad de tener un espacio en la Red. Entrevista, por cierto, interesantísima y que compartiré aquí en cuanto se publique en ABC. Y como no seguir un consejo de Alfonso Alcántara es como tirarse por un precipicio profesional, aquí estoy construyendo de nuevo este techo en el que cobijar mis pensamientos.

Pues bien, este es mi espacio y no voy a soltarlo. Es más, pienso escribir hasta que me duelan los dedos. ¡Bienvenidos! -otra vez-