Yo, desde luego, #gratisnotrabajo

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida” (Confucio).

Tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta. Me levanto cada día sabiendo que haré algo que merezca la pena. Puede que escriba el historión de mi vida, que simplemente haga una información de servicio o que la frenética actualidad del día me tenga esclavizada al teletipo. Pero sí, debo seguir diciendo que hago lo que me gusta. Porque lo que a mí me gusta es encontrar historias: en la calle, en el metro, en internet (muuuchas en internet), en la tele, en las series de televisión que veo cada noche, en los libros, cuando voy al médico o cuando hablo con una amiga.

Y tengo la suerte de poder contarlas, como aquel que se toma un café y comparte sus inquietudes yo me siento frente a la pantalla, me como mi sandwich y me pongo a escribir. Y me pagan por ello. Y, ciertamente, me lo merezco. Cierto es que trabajo por vocación y que si no trabajara donde trabajo seguiría escribiendo aunque jamás nadie lo leyera. Vocación, como esa que tiene el médico (al que pagan), el abogado (al que pagan), el ingeniero (al que pagan), la peluquera (a la que pagan) o el profesor (al que pagan!). ¿Y mi profesión? ¿Por qué no quieren pagar el talento de cientos de periodistas formados y preparados para dar lo mejor de sí mismos? ¿Por qué menosprecian una labor tan compleja como muchas otras y que tantos beneficios puede generar a las empresas?

Mi condición de periodista me ayudó a sentarme frente a Carmen del Riego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, para conocer su opinión sobre todas estas cuestiones. Aquí puedes leer lo que me contó.

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Alérgicos al wifi: la generación de la enfermedad invisible

Publicado en Abc.es el 19 de septiembre de 2011

Pude comprobar, gracias a este reportaje, cómo la evolución trae consigo nuevos problemas, nuevas fobias, nuevas enfermedades del siglo XXI. La electrosensibilidad es una de ellas. Para muchos problema inventado, fruto de la obsesión por las antenas de telefonía y las redes wifi, tan necesarias en el momento en que nos encontramos. Para otros, los afectados, se trata de un auténtico infierno. Personas que no encuentran solución a un problema real, que les provoca un auténtico malestar, dolores intensos en varias partes de su cuerpo y una calidad de vida reducida a la mínima expresión. Muchos se han visto obligados a cambiar de vivienda en varias ocasiones, huyendo del wifi y las antenas de telefonía. Os dejo un fragmento de esta historia que a mi me encantó descubrir y a ellos contar para intentar tener voz.

“Resulta cuando menos curioso que un «alérgico al wifi» se vea obligado a recurrir a Internet como método para conocer las causas de su problema. La desesperación ante un trastorno cuyos síntomas se camuflan con los de enfermedades comunes han forzado a los afectados a tirar la toalla ante una cura que intuyen compleja y a centrarse en la búsqueda de sistemas de prevención. Hay, sin embargo, quienes comparan el mal causado por las radiaciones de aparatos como el router wifi o el teléfono inalámbrico con el generado por sustancias como el tabaco o el amianto. Y no les resulta un paralelismo alarmante”.

Sigue leyendo esta historia en Abc.es

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Electrosensibilidad: ¿alarma injustificada o problema real?

¿Vivimos rodeados de ondas?

El día en que a Pablo se le ocurrió ayudar a la gente

Publicado en Abc.es el 22 de febrero de 2012

Igual que el título que evoca el famoso filme en el que el pequeño Trevor McKinney intentaba cambiar el mundo mediante acciones desinteresadas, la «Cadena de Favores» que Pablo de la Nuez puso en marcha hace ya cuatro años ha conseguido también cambiarle la vida a más de uno, sobre todo desde que el látigo de la crisis comenzara a azotar con fuerza.

ImagenLas analogías con el blockbuster de Hollywood no son pocas y, aunque con sus peculiaridades, este empresario con ganas de hacer un favor al mundo ha conseguido convertir la utopía en realidad y hacer efectiva una cadena de ayuda que, estima, llega ya a unas 10.000 personas y en poco tiempo podría extenderse a otros países. Igual que en el filme el joven alumno de Kevin Spacey ideaba un sencillo sistema para devolver a otros los favores prestados, en 2008 este emprendedor probó a reenviar a todos sus contactos una petición de ayuda que había llegado a su correo electrónico. Así empezaba la cadena.

Y como ocurre con muchas cosas, al final las ideas más simples acaban por ser las que alcanzan el éxito. La cadena de favores de Pablo ha tenido tal repercusión que lo que en su día fue una espontánea petición de ayuda ha tardado muy poco en convertirse en una inmensa red desinteresada y que ha ayudado a algunos de sus miembros a encontrar trabajo, dinero e incluso vivienda.

Pablo no está en paro. Tampoco lo estaba cuando comenzó la cadena de ayuda, sino que de manera altruista decidió invertir parte de su tiempo en alimentar un boca-boca (o «mail-mail») que repentinamente creció como la espuma. Cuatro años después, la tarea le supone un total de 10 horas a la semana para ayudar -estima- a más de 8.000 personas. «El efecto multiplicador me llevó a seguir con la cadena. Saber que poniendo un poco de mi parte la acción se dispara hasta alcanzar una dimensión relevante que consigue resultados. A cambio, cada pequeño éxito obtenido me regala un trozo inmenso de felicidad»

Cualquier petición

Fue el estallido de la crisis lo que multiplicó las peticiones de ayuda económica que Pablo de la Nuez comenzó a transmitir a través de su cadena, aunque el creador asegura que «tiene cabida cualquier petición, si bien es cierto que lo que más se precisa ahora mismo es conseguir trabajo, alquilar o vender cosas para obtener ingresos extra».

El «modus operandi» de la cadena es sencillo. Pablo recoge todas las iniciativas que llegan a su correo electrónico, las selecciona y se toma su tiempo para redactar un mail semanal que envía a todos sus contactos y que estos a su vez reenviarán a los suyos, propagando la cadena hasta límites que su creador desconoce. «Yo prendo la mecha, pero después pierdo la pista, así que sólo conozco el resultado en aquellos casos en que se ponen en contacto conmigo para contarme cómo les ha ido». En este sentido, Pablo reconoce que la cadena, como todo, tiene también sus picos de éxito: «Hay casos que no han generado ni una sola llamada».

Casa gratis tras un desalojo

No solo de peticiones económicas vive la cadena de favores. «Tiene un componente solidario muy importante, de hecho, siempre doy prioridad a los casos de personas en situaciones desfavorecidas. Hay, inlcuso, quien se ofrece desinteresadamente para ayudar unas horas a quien más lo necesite». Pablo define su cadena como una «extensión del boca a boca tradicional que aprovecha las ventajas que ofrece la tecnología para ampliar su difusión» pero que, para muchos, se ha convertido en una alternativa más a la hora de solucionar algunos de sus problemas.

Aunque no dispone de datos sobre los resultados de la cadena, en más de una ocasión Pablo ha recibido noticias de aquellos a quienes ha ayudado. Y nos cuenta una de las historias que hacen valer la pena esas diez horas semanales que invierte en recopilar y enviar correos. «Hay una anécdota preciosa y que ocurrió en el mayor de los anonimatos. Una persona me hizo llegar el anuncio de una familia con tres hijos, la mayor ciega y con síndrome de Down, y los dos pequeños con distrofia muscular, que iban a ser deahuciados y pedían… ¡una silla de ruedas! Enseguida me contaron que les habían conseguido varias y que les habían ofrecido ayuda adicional. A los pocos días recibí un correo contándome que una familia les había cedido una casa a estrenar, ¡sin cobrarles nada por el alquiler!»

Publicado en ABC.es, el 22 de febrero de 2012